El enigma de Scottie Flint IV

Posted on 31 October, 2013

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Mi comentario la dejó helada. El reloj volvió centellear.  Una luminaria roja engulló la oscuridad del pasillo por unos instantes. En ese momento, ella se vio obligada a asentir, ante la innegable evidencia de haber sido descubierta de una forma tan burda. Tratar  de seducirme, la había dejado al descubierto. Parecía haber olvidado que iba disfrazada de tío. Eso fue un fallo de principiante.  De repente, un número apareció en la pantalla del estrafalario y futurista  artilugio con forma de reloj.

20. Esa era la cifra que marcaba el reloj. Yo no tenía ni idea sobre el significado de ese numero. Pero parecía que ella si ya que su rostro reflejaba preocupación a la vez que frustración. Estaba nerviosa, sudaba. Entonces se quitó la gorra de los yankees. Todo apuntaba a que estaba en lo cierto y tenía ante mí a Lucy, la ladrona de tiempo, la compañera de fechorías de Jarek. Estaba claro, que todo este teatro solo podía ser obra del clan de los yonkis del tiempo.

–Tengo que irme. La poli estará de camino –Dijo mientras giraba la vista  su para mirar nuevamente su reloj.

Muchas veces vacilé cuando oí historias acerca de ellos. Existían pruebas que demostraban su existencia, pero hoy en día cualquiera podía trucar fotos. A pesar de mis dudas y de mis numerosos recelos, tenía que reconocer que había evidencias de sus incursiones. Esos testimonios eran tan irrefutables como inquietantes. Yonkis del tiempo, era el nombre que se les daba en los foros más frikis. Ellos parecían haber logrado lo que media humanidad deseaba. Robar al minutero. Saquear minutos extras de vida. Vivir otras vidas, otras épocas. Y por supuesto meterse en embrollos,  como en los que andaba envuelto el falso muchacho de pelo grasiento y cara de hambriento.

La adicta, la ladrona de tiempo estaba frente a mí. Una aventura peligrosa y excitante, se presentaba ante mí. Eso era exactamente lo que yo necesitaba en aquellos momentos. Excitación, para ahogar la monotonía de una vida vacía y sin sentido.  Necesitaba de nuevas experiencias que me devolvieran la inspiración. Yo, no era más que un músico venido a menos que sentía el rock en sus venas.

Se escucharon ruidos al final del pasillo. Eran Sam y el resto que discutían. Al menos no se habían largado, dejándome aquí secuestrado con una loca armada con una pistola, pensé.

– ¿Quién eres? –Le pregunté mientras la agarraba del brazo tratando de interrogarla.

Ella me apartó con el brazo y con un gesto de desprecio. En ese momento el reloj parpadeó de nuevo.  Si yo estaba en lo cierto, tras ese extraño artilugio con apariencia de reloj se escondía Jarek. Ella empezó a tener síntomas de estar a punto de sufrir  un ataque. De repente, Lucy cayó fulminada en el suelo, luego vinieron las convulsiones. Tras unos segundos su respiración se estabilizó y los temblores cesaron.

La sirena del coche policía se podía oír desde aquí, lo que indicaba que no tardarían en llegar. Quizá estarían a apenas un kilómetro del estudio. Serán capullos pensé, han llamado a la poli. No quería causarle ningún daño a esa mujer desesperada y menos aún que la detuvieran.  Eso sería una fatalidad del destino. Necesitaba información y Lucy era la única que podía ofrecerme las respuestas que yo quería.

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